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Un documento fundamental de la Conferncia Episcopal
Española sobre la regulación de la asignatura de Religión:
LA NUEVA REGULACIÓN DE LA ENSEÑANZA
DE LA RELIGIÓN CONJUGA LA LIBERTAD CON LA CALIDAD
Según la nueva regulación emanada de la Ley Orgánica
de Calidad de la Educación, la formación religiosa católica
en la escuela queda integrada en el área curricular
denominada Sociedad, Cultura y Religión. Los alumnos,
o sus padres, siguen disfrutando de la libertad de optar
o no por la enseñanza de la religión y la moral católica.
En todo caso, el estudio del hecho religioso, como fenómeno
antropológico y cultural, será necesario para todos,
bien en la opción confesional católica (o, en su caso,
evangélica, judía o islámica), bien en una opción no
confesional.
Valoramos positivamente esta nueva regulación porque,
por una parte, supondrá un avance en el ejercicio
de la libertad religiosa y de opinión, y, por otra parte,
ofrece un marco más adecuado para que todos los alumnos
adquieran una formación de calidad acerca del hecho
religioso, realidad humana que, con independencia de
la opción personal en este ámbito, no puede ser desconocida
sin graves consecuencias negativas para las personas,
la cultura y la convivencia.
La nueva regulación de la enseñanza de la religión
no implica ningún privilegio para la Iglesia Católica.
Ciertamente permitirá que la religión católica pueda
ser ofrecida con mayores garantías de seriedad académica
a ese ochenta por ciento de los padres que la desean
y la solicitan para sus hijos. Pero también las demás
confesiones o la opción no confesional se beneficiarán
del mejor reconocimiento del hecho religioso como objeto
de estudio y formación escolar. Se trata, pues, de un
mejor reconocimiento de un derecho que beneficiará a
toda la sociedad.
La Constitución Española, en su artículo 27. 3, establece
que “los poderes públicos garantizarán el derecho que
asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación
religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias
convicciones”. Según interpretación del Tribunal Constitucional,
este derecho de los padres deriva de la libertad de
enseñanza, reconocida también por la Constitución y
entendida, a su vez, como proyección de la libertad
ideológica y religiosa y de la libertad de expresión.
La nueva regulación hace más efectivos para todos estos
derechos fundamentales.
Además, por lo que toca a la Iglesia Católica, la
nueva regulación responde bien a lo establecido en el
Acuerdo sobre Enseñanza y Asuntos Culturales entre el
Estado y la Santa Sede, que estipula, en su apartado
II, que la enseñanza de la religión católica se ofrecerá
“en condiciones equiparables a las demás asignaturas
fundamentales”. De este modo se hace más efectiva para
los católicos la libertad religiosa en el ámbito de
la enseñanza.
Pero nuestra valoración positiva de la nueva regulación
se basa en un motivo más de fondo aún que el del mejor
reconocimiento efectivo de la libertad de religión y
de enseñanza para todos, y también para los católicos.
La nueva normativa es apta para que se ofrezca a todos
los alumnos un conocimiento del hecho religioso sistemático,
pedagógicamente adaptado y de calidad. Los niños y los
jóvenes tendrán ocasión de conocer, guiados por buenos
profesores, lo que significa que la persona sea un ser
abierto a la trascendencia, a Dios; lo que las distintas
religiones le han aportado y le aportan; la historia,
el arte y las doctrinas religiosas, en particular, las
del cristianismo. Son conocimientos fundamentales antropológicos,
históricos, estéticos y doctrinales que quedan asegurados
para todos y que serán impartidos de un modo científico
adecuado a las necesarias pautas pedagógicas.
Animamos a los padres católicos a inscribir a sus
hijos en la opción confesional católica, como lo vienen
haciendo la gran mayoría. Es su derecho y su obligación.
La opción católica está también abierta a todos los
que deseen entender la religión desde esta perspectiva,
aunque no profesaran nuestra fe. Los programas elaborados
por la Conferencia Episcopal, que hoy se dan a conocer,
contienen los elementos fundamentales necesarios para
entender el hecho religioso de modo objetivo. De hecho,
no tratan menos asuntos ni los abordan con menor rigor
académico que los programas de la opción no confesional.
Pero la opción católica ofrece algo más. Los alumnos
católicos tendrán la oportunidad de adquirir una formación
académica sintética de los distintos saberes que van
adquiriendo, integrándolos en la visión de la fe. Y
a todos, católicos o no, la programación confesional
les ayudará a entender el hecho religioso desde el interior
de una tradición viva como la cristiana y católica,
abierta por su propia naturaleza al diálogo con las
culturas y las religiones, y sustrato básico de nuestra
cultura española y europea.
Esperamos que el consenso acerca de la importancia
de la formación escolar en las cuestiones religiosas
se vaya abriendo paso en nuestra sociedad. Nadie quiere
imponer nada a nadie. Los católicos respetamos la libertad
de los demás y pedimos que se respete también la nuestra.
¿Por qué negar o cercenar a los padres de los escolares
el ejercicio de su derecho a que sus hijos sean educados
de acuerdo con sus convicciones en las cuestiones religiosas?
¿Y quién podría ofrecer dicha educación con más garantías
que la respectiva comunidad religiosa, en nuestro caso
la Iglesia, a través de un profesorado debidamente cualificado
y acreditado para su misión? Es justo que el Estado
no ignore esa demanda social y esos derechos y que no
relegue la enseñanza religiosa al ámbito privado o eclesiástico.
Hacen bien los poderes del Estado en interesarse en
que la educación religiosa sea impartida de modo público
y responsable, sin convertirse ellos mismos, por otra
parte, en controladores unilaterales de una visión supuestamente
“democrática”, “correcta” o “neutra” del hecho religioso.
La fe personal ciertamente no se evalúa en la escuela.
Pero la fe cristiana, como hecho histórico y como realidad
objetiva, es un objeto de estudio, cuyos rendimientos
sí pueden y deben ser evaluados. Lo demuestra la gran
tradición universitaria europea, nacida al calor precisamente
de la teología y de la filosofía cultivadas por los
grandes maestros cristianos. Esa tradición sigue viva,
de distintas formas, en Europa, en América y hoy casi
en todo el mundo. La religión, y, en particular, la
religión cristiana puede ser objeto de estudio y acicate
para la reflexión verdaderamente crítica sobre el ser
humano. Su estudio en la nueva área de Sociedad, Cultura
y Religión ayudará a nuestros niños y jóvenes a ir entendiendo
la compleja relación existente entre estas tres magnitudes.
Podrá también salir al paso de las serias carencias
que sufre nuestra juventud en su formación y conducta
moral, cuestión que preocupa, con razón, a muchos, en
particular a no pocos padres. De todo ello saldrá, sin
duda, beneficiada la convivencia libre, pacífica y solidaria.
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