Paz
en las aulas y aulas para la Paz
Publicada en «Paraula-Iglesia en Valencia»
el 15 de febrero de 2004
La
escuela tiene un singular papel para educar a los jóvenes
y a los niños en los valores de la Paz. Todos deseamos
centros educativos en los que haya paz en las aulas
y aulas para la paz.
La paz en las aulas se consigue cuando se educa con
claridad en que todos somos iguales, diferentes y complementarios.
Son tres pasos ineludibles para comprender la paz verdadera.
La igualdad de derechos entre todos los seres humanos
es un principio básico de la convivencia, que responde
a nuestra dignidad por ser personas. El lenguaje religioso
y el anuncio cristiano explican que esa dignidad de
todos los hombres y mujeres procede de nuestra condición
de hijos amados por Dios.
En la práctica, sin embargo, la igualdad entre los
seres humanos encuentra incomprensiones e incluso ideologías
que pretenden negarla. Se preguntan si la diferencia
entre el varón y la mujer, entre las razas, las culturas,
las edades, las religiones, entre los modos de pensar
y de vivir, hace imposible la igualdad real entre los
seres humanos. Algunos, incluso, llegan a presentar
las diferencias como si se trataran de contraposiciones,
de enfrentamientos, y desarrollan ideologías para contenidos
sexistas, machistas, racistas, fundamentalistas, nacionalistas
exacerbados, sectarios, que niegan e intentan hacer
imposible la convivencia armónica entre los seres humanos.
Resulta imprescindible comprender que los seres humanos
somos iguales y distintos porque somos complementarios.
No estamos hechos para la oposición, sino para la colaboración.
Nadie es más en oposición al otro, sino que somos más
cuando damos la vida por los otros. Negar el carácter
complementario del ser humano siembra el germen de la
violencia.
El sentido religioso del ser humano hace de la paz
una necesidad. Dios quiere para los seres humanos la
paz. Cristo nos invita a convivir a todos como hermanos.
El cristianismo predica la paz desde todos los rincones
del Evangelio.
La reflexión religiosa sobre la necesidad de la paz
en el mundo y en cada hogar como algo ligado a la sustancia
del ser humano es una enseñanza que no debe ser censurada.
La enseñanza de la religión en las aulas es muy importante
para todos los que creemos que el camino seguro para
la paz está en la educación. Los niños y los jóvenes
tienen derecho a que se les anuncie el sentido último
de los valores, su articulación última. Los padres tienen
derecho a que esta explicación se desarrolle de manera
acorde al estilo educativo que están desarrollando en
su familia. Y la Iglesia no quiere privilegios. Sólo
quiere que se respete el derecho de los padres.
La opción por la asignatura de religión recogida
en los planes de estudio es una opción legítima secundada
mayoritariamente. No se trata de imponer nada a nadie.
Se trata de que los padres católicos ejerzan su libertad
religiosa, de la misma manera que puedan hacerlo los
padres con otras confesiones, o los indiferentes, o
agnósticos.
La asignatura de religión en la escuela amplía la
libertad y el pluralismo en la educación. El mensaje
cristiano del amor fortalece las relaciones basadas
en el amor cuya consecuencia necesaria es la paz. La
religión habla de la paz en las aulas y ayuda a que
las aulas trabajen por la paz.
Los estudios sociológicos muestran que los niños
y los jóvenes reciben excesivos mensajes violentos a
través de algunos medios de comunicación y la difusión
sin control de determinados videojuegos que hacen apología
de la violencia. En un mundo donde los padres y madres
se ven compelidos a delegar cada vez más la educación
de sus hijos no podemos dar por supuesto que los menores
conocen el sentido completo de la paz. Ellos, como nosotros,
necesitan continuamente de una reflexión que erradique
de sus vidas la tensión de la agresividad y la violencia
para resolver sus inquietudes y problemas.
Con mi bendición y afecto,
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