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El argumento lingüistico: El ser humano es polifacético
y políglota. Es decir, capaz de múltiples actividades
y de distintos lenguajes. El saber religioso se expresa
en un lenguaje concreto. El lenguaje no es algo adventicio
en el ser humano, sino que está arraigado en su matriz
ontológica. El poliglotismo es una posibilidad existencial
del ser humano, aunque, como tal, requiere una educación,
un cultivo determinado. El ser humano puede hablar distintos
lenguajes, pero esta potencialidad sólo adquiere actualidad
cuando, mediante la educación, se perfecciona al ser
humano para desarrollar esta habilidad tan propia de
la persona. Una de las tareas centrales de la acción
educativa es desarrollar todas las posibilidades lingüisticas
del ser humano. En este sentido, es fundamental desarrollar
el saber religioso y acompañar al educando a comprender
el sentido y la riqueza del lenguaje simbólico, mitológico
y litúrgico, especialmente, en nuestro contexto cultural,
donde el índice de analfabetismo simbólico crece.
El argumento pedagógico: Es fundamental la distinción
entre instrucción y educación. La educación se refiere
a la formación integral del educando, lo que requiere
no sólo transmisión de saberes, sino también de actitudes,
de valores, de experiencias. La educación se relaciona
con la experiencia ética, estética y religiosa, mientras
que la instrucción es un proceso puramente técnico,
donde el relieve se focaliza en el mensaje, pero no
en el educando. La educación es un encuentro interpersonal
y un proceso bidireccional. Si la educación tiene como
finalidad el desarrollo integral del ser humano, esto
es, el despliegue de todas sus facultades potenciales,
entonces, la dimensión religiosa del ser humano, más
allá de sus concreciones históricas, debe ser contemplada
por el proceso educativo y no puede reducirse a una
cuestión marginal o periférica. Si el ser humano es,
constitutivamente, animal religiosus, entonces, es fundamental
cultivar dicha dimensión, y ello exige el conocimiento
del saber religioso, los instrumentos y los elementos
que caracterizan a la experiencia religiosa y a sus
distintas traducciones culturales, históricas y lingüisticas.
El argumento metafísico: Durante la Edad Moderna,
dos filósofos han insistido en el carácter eminentemente
metafísico del ser humano: Kant y Schopenhauer. El ser
humano trasciende con su preguntar el orden de lo material,
de lo físico, de lo visible y se interroga por el sentido
de la existencia, por el sentido de la muerte y del
sufrimiento. Si educar es formar seres humanos de un
modo integral, entonces, la configuración de una imago
mundi es una tarea ineludible de la acción educativa,
y dicha configuración exige el dominio del saber religioso
y del saber metafísico. Ayudar a pensar al educando
sobre las cuestiones existenciales, no es tarea fácil,
pero es ineludible.
Conclusiones: Parece claro que el saber religioso,
en sentido genérico, debe estar presente en el proceso
formativo de toda persona, indistintamente de su confesionalidad
presente o futura. El conocimiento del universo religioso
y de sus múltiples dimensiones constituye una tarea
fundamental en el proceso educativo de todo ser humano.
Este extracto procede de la conferencia que impartió
el Dr. Francesc Torralba Roselló, profesor de la Universidad
Ramon Llull de Barcelona, en el Congreso Nacional de
Profesores de Religión, celebrado en Madrid en noviembre
de 1999, y recogida en el libro "La enseñanza de
la religión, una propuesta de vida" editado por
SM, PPC y Conferencia Episcopal. Volver
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