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Somos un grupo de padres
y madres preocupados por la formación de
nuestros hijos.
- Nuestra Asociación persigue
varios fines, de los que destacamos la defensa
de la Asignatura de Religión en la Escuela
Pública en igualdad de condiciones al resto
de áreas y asignaturas del curriculo.
- Por todos es conocida
la maltrecha situación que atraviesa la
Asignatura de Religión desde hace varios
años:
- Aunque sea evaluable,
la nota no cuenta en el expediente académico
de nuestros hijos.
- La Alternativa a
la Religión carece de entidad, no se imparte
con la seriedad que merece. Es una “competencia
desleal” ya que, en muchas ocasiones, esta
Alternativa se convierte en recreo, en repaso
de otras materias o simplemente los alumnos
se van a casa.
- Pensamos que la presencia
de la Asignatura de Religión en el currículo
escolar, no vulnera ningún derecho básico,
sino que, al contrario, contribuye al cumplimiento
de los mismos, colaborando en la formación
integral de los alumnos y garantizando el
derecho que asiste a los padres y alumnos
a recibir enseñanza religiosa y moral según
sus convicciones. El Estado debe asegurar
el derecho a la formación religiosa y moral
de todos los ciudadanos, y es un deber de
los poderes públicos garantizarlo en el
ámbito escolar.
La presencia de la enseñanza
de la cultura religiosa en la escuela no
es una cuestión ideológica, sino que es
un derecho fundamental de la persona, en
tanto en cuanto constituye parte de su identidad
y de su entorno (independientemente de que
sea o no creyente). Es además un derecho
recogido en nuestra Constitución art. 27.3.
Es un derecho de los padres y de los alumnos
no del Estado o de la Iglesia.
- Defendemos la Escuela
Pública y sus valores de tolerancia y pluralidad.
La Escuela Pública de un
estado laico no debe cerrarse en una opción.
No olvidemos que estamos hablando de la
enseñanza pública y esto quiere decir “perteneciente
a todo el pueblo” creyente y no creyente.
De la misma forma que no se bebe imponer
una formación religiosa al que no la quiere,
tampoco se le debe negar el derecho al que
la desea. Acabaríamos así con la propia
esencia de la enseñanza pública: LA PLURALIDAD.
En la escuela pública cabemos
todos: Que no se discrimine a nadie por
sus creencias religiosas o ausencia de las
mismas: “Queremos una escuela en donde se
sientan cómodos, tanto no creyentes, como
creyentes de las diversas religiones o creencias”
(en “Por una sociedad laica” de Plataforma
por la defensa de la Escuela Pública. Zaragoza
20.112004. Circular a la atención de la
A.P.A.)
No olvidemos que, actualmente,
en los centros públicos de Aragón, más del
76% de los padres de alumnos han optado
libremente por la Asignatura de Religión.
Cifras que son un éxito para la asignatura,
dada su clara situación discriminatoria
en la LOGSE.
Queremos desmontar
racionalmente los prejuicios contra la Asignatura
de Religión: la Enseñanza Religiosa Escolar
no es Catequesis. En las polémicas sobre
la enseñanza religiosa en la escuela, algunos
suelen objetar con tono despectivo, que
la enseñanza religiosa en la escuela es
una “catequesis”. Añaden que en la escuela
pública de un Estado laico no debe admitirse
tal catequesis, a la que califican despectivamente
de “adoctrinamiento”, efectivamente la Enseñanza
religiosa Escolar no es Catequesis, no adoctrina.
CONCLUSIÓN
- Queremos para
nuestros hijos — y para los de todos los
demás padres- una enseñanza sin imposiciones
pero también sin exclusiones, en la que
sea posible elegir.
- Pensamos que
la enseñanza de la religión en la escuela
forma parte de la materia cultural. Todas
las culturas tienen referencias religiosas,
por lo que su aprendizaje es necesario para
acceder a otros conocimientos. No abogamos
por la enseñanza catequética, esa es una
labor de las iglesias y de las familias.
La religión relaciona al hombre con la trascendencia,
y es preciso enseñar al niño las soluciones
que dan las diferentes creencias, sin afán
de adoctrinar a nadie.
- La clave está
en definir la función propia de la escuela:
Transmitir, de manera sistemática y crítica,
la cultura. Nuestros hijos acuden a la escuela
no sólo para adquirir una información científica
y unos hábitos intelectuales según los distintos
campos del saber, sino también para aprender
a orientarse en su vida individual y social.
Si la escuela es un lugar privilegiado para
la formación integral del hombre, si no
puede contentarse con instruir, sino que
ha de educar, debe cultivar todas las dimensiones
de la personalidad de los alumnos y, entre
ellas, la dimensión religiosa. Creo que
la formación religiosa funda, potencia,
desarrolla y completa la acción educadora
de la escuela. Y por ello ha de estar presente
en las mismas condiciones que el resto de
asignaturas.
Zaragoza, 12 de mayo de
2004
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